miércoles, 31 de agosto de 2016

¿De qué hablamos cuando hablamos de violencias?

El martes 16 de agosto se presentó el libro “El inadmisible encanto de la violencia” de José Garriga Zucal. En ese contexto se realizó un panel llamado “¿De qué hablamos cuando hablamos de violencias?”, donde nos propusimos problematizar las diferentes dimensiones que las prácticas violentas alcanzan y las diversas formas que adoptan. Haciendo un recorrido desde las violencias cotidianas, llegamos hasta la violencia institucional. Nuestro compañero Lupo Magallanes, ex privado de su libertad, realizó una intervención en la que propuso desmembrar el sistema de violencia estatal para poder analizarlo más detenidamente. Aquí la compartimos para seguir avanzando en el debate sobre las diferentes formas que adopta la violencia dentro del sistema penal.
<<Quería primero agradecer, me gustó mucho el libro, es fácil de entender, de interpretar. Me permitió pensar algunas cosas y me dio pie para hacer un pequeño resumen de cosas que yo pensaba. Estoy hablando desde dos lugares. Desde la experiencia de haber atravesado ese campo de violencias, haber estado detenido doce años; y la otra dimensión que es la intervención y la militancia. Soy parte de Atrapamuros y de Patria Grande. Esto es lo que me permite ir generando una forma particular de conocimiento sobre las violencias de las que estamos hablando. Así tanto en los barras como en los policías, entendemos cómo la violencia toma otro significado que permite recuperar la perspectiva de lxs actores como punto de arranque muy importante para la comprensión de la problemática. Vamos a pensar en la cárcel, el servicio penitenciario, las condiciones estructurales de la violencia en la vida en la cárcel. Cuando unx se imagina las violencias en la cárcel, suele pensar en la violencia física, que existe, pero para llevar nuestro análisis más allá tenemos que hablar de otro tipo de violencias, que para que puedan ocurrir es necesario que el Estado intervenga de alguna manera.
“Los escritos de tu juez están en chino. A mi me costó cuatro años entender a dónde iban. Pero al principio firmaba sin entender nada, porque me decían mi abogado nomás, que supuestamente me convenía. Y así fue como me puse ladrillos en mi propio camino.”
Vamos a tratar de entender violencias más complejas que la del encargado dándole un palazo en la cabeza a un presx, y el por qué es necesario recurrir a otras violencias. Las prácticas violentas tienen significación en tanto el espacio, tiempo, contexto, relaciones sociales en que se desarrollan. Pensando en la cárcel, la violencia física puede ser un recurso muy necesario pero a la vez contraproducente para quien lo ejerce, por los problemas que puede causarle al ejecutor de la violencia el provocar daños irreversibles -por lo tanto comprobables- en los individuos perjudicando directamente en su carrera de penitenciario. Es también en estos hechos que podemos ver las lógicas del encierro, como la construcción de líderes en la cárcel. Soportar una o varias palizas por parte de la policía significa que uno tiene aguante y es un enemigo directo de la policía, por lo tanto no es un informante o buchón, generando un líder hasta político dentro de ese contexto.
“Supe que iba a estar peleando desde mi entrada hasta que saliera. Por lo general, cuando alguien entra, se tiene que pelear con cuchillos, facas, para ganarse un lugar y defender las pertenencias con las que llega. Se trata de ganarse un respeto”.
Ahí es donde podemos entender el porqué de recurrir a otros tipos de violencia, que para que se ejerzan es necesario una articulación entre las diferentes esferas del Estado que hacen al funcionamiento del sistema de encierro. Para no caer en simplificaciones, hablamos de actores y acciones puntuales a los responsabilizamos de esto. Tenemos que evitar caer en interpretar a la violencia como una forma de ser de determinados actores. Pensamos más allá de los agentes del servicio penitenciario, por ejemplo el encargado, como responsables de todas las violencias ejercidas en ese contexto. Al hablar en plural de las violencias, entendemos que para ejercerlas es necesario que el Estado intervenga en conjunto con diferentes actores. Tenemos que hablar necesariamente de una red de violencias institucionales que incluye a la burocracia de las instancias judiciales, a los legisladores, la policía. En ese sentido es que hablamos de una violencia construida desde el Estado. Pasamos de observar y simplificar la explicación desde el actor individual, o sea el penitenciario, al conjunto de actores e instituciones que construyen la forma de la violencia estatal.
“Fui a parar a sanidad, esperando la ayuda de un médico que se repartía entre dos unidades. La espera no sirvió para mucho, porque lo único que hizo fue darme una pastilla en mal estado. Después me enteré que eso era un diazepán, para que me duerma y no joda más”.
Esa violencia institucional se construye sobre la dimensión de valores y violencias cotidianas y sociales, que se generan tanto al interior de las condiciones particulares en la cárcel, como en los otros ámbitos. Y no es la creación de un solo tipo de actor, sino que reside en la creación de un tipo de actores, prácticas, discursos que involucran a una serie amplia de actores.
“Trabajamos de 12 a 14 horas, con un sueldo que en la mayoría de los casos no excede los 45 pesos por mes: realizamos la recolección de residuos, instalaciones eléctricas, trabajos de plomería, pintura, jardinería y limpieza. Si te coincide con colegio, cagaste, porque si empezás a turnarte para faltar perdés el beneficio”.
Queríamos dar una idea de cómo el servicio penitenciario recurre a otros tipos de violencia que necesitan ser complejas en el sentido de que para poder ser ejercidas. Por ejemplo, para pedir un traslado o una solicitud de libertad ante un juez, se necesita tener determinado beneficios como trabajar o estudiar, pero lo cierto es que las condiciones en que esto se da dentro de la cárcel no permiten a la persona tener ganas de trabajar, poder salir al colegio. Cuando se recurre a este tipo de violencia es necesario que haya una articulación entre el juez, el servicio penitenciario, un psicólogo que haga los exámenes criminológicos, entonces el Estado está encargado de asumir ese rol violento para poder controlar, dominar, coartar y todo lo que sabemos que tiene que ver con la opresión a las personas; escapando de la violencia física que puede opacar la carrera de un penitenciario. Es por eso que los jueces, psicólogos e instituciones que actúan en la cárcel son cómplices del uso de la violencia como un recurso del Estado>>.
A lo largo de la charla se leyeron diferentes fragmentos de escritos y testimonios desde el encierro, que relatan en carne propia y con ejemplos concretos de qué hablamos cuando hablamos de violencia institucional sistemática y articulada entre diversos agentes del Estado.

lunes, 29 de agosto de 2016

Construir adentro: experiencias en contexto de encierro


Mañana estaremos participando junto a lxs compañerxs Desheredadxs De La Razón de la charla "Construir adentro: experiencias en contexto de encierro" organizada por Aule Psicología en el marco del 8º Foro Nacional de Educacion para el Cambio Social.
A las 16hs en la Facultad de Psicología (51 entre 123 y 124). ¡Lxs esperamos!

domingo, 28 de agosto de 2016

Los cuerpos dóciles: del barrio a la ficción


El documental ficcionalizado “Los cuerpos dóciles” dirigida por Matías Scaravaci y Diego Gachassin, se centra en la cotidianeidad del abogado penalista Alfredo García Kalb. El personaje principal es un defensor estatal de dos pibes de barrios marginales del conurbano bonaerense que, acusados de robar una peluquería, se enfrentan al aparato judicial argentino. Por Inés Oleastro y Agostina Polischuk, militantes de Atrapamuros.
La película revela la existencia de la otra cara de la justicia, aquella que criminaliza la pobreza, lxs jóvenes y los barrios. El documental muestra la punta del iceberg de una justicia burocrática, clasista, machista y capitalista. Una justicia que produce y reproduce relaciones desiguales de poder funcional a un sistema de opresión y exclusión y que por lo tanto, incomoda. Una justicia de la que no se habla, pero de la que sin embargo, su existencia es imposible de ocultar.
Teniendo en cuenta las flaquezas y debilidades de un sistema excluyente, los directores no sólo reflejan a través de la villa y el aspecto de los jóvenes acusados el estereotipo de quiénes son en verdad lxs que ocupan las cárceles argentinas; sino que obliga a dimensionar más allá del sentido común la realidad de un sistema penal parcial que no está, justamente, a favor de lxs oprimidxs. Para quienes suelen enfrentarlo, ese sistema se convierte en un laberinto que habla un idioma diferente, específico y desconocido y que no parece estar interesado en comprender ese mundo que le resulta ajeno.
Las escenas en donde se plasma el rol de la familia -sobre todo el de la madre de uno de los detenidos-, demuestran cómo la pena excede a quienes son privadxs de su libertad, multiplicando los cuerpos dóciles de los que habló Foucault. Es decir cómo esos cuerpos que son sometidos y manipulables, se reproduce en todo aquel o aquella que está presente en todo el proceso de la condena. Cuerpos que son también excluídxs y ninguneadxs por la voracidad de un contexto que no les favorece.
Si bien el documental intenta poner en cuestión cómo opera la aplicación de la pena y a quiénes se les suele otorgar -análisis claves que suelen obviar la mayoría de los medios de comunicación-, no deja romantizar el rol del defensor penal. ¿Por qué decimos esto? La población detenida en la Provincia de Buenos Aires -y a nivel nacional- proviene, en su amplia mayoría de los sectores populares, por lo tanto es fictício que cuenten con la posibilidad de pagar a un abogado particular. Sin embargo, al entrar en juicio todas las personas tienen el derecho a pedir una defensa, por lo tanto el Estado se ve obligado a proporcionarles unx.
El papel del abogado contrasta con el de la mayoría de lxs defensorxs estatales, ya que en la práctica, estxs cumplen parcialmente con aquella función. No existe tal intercambio fluido con sus defendidxs como sucede en la película provocando como consecuencia, que todo el proceso judicial sea entendido como un trámite que debe solucionarse de la forma más rápida posible.
Lo interesante del personaje de Alfredo es que pone en jaque los sentidos mismos de la profesión. Se vislumbra la posibilidad de otro tipo de dinámica entre lxs defensorxs del Estado y lxs acusadxs. La vocación, la comprensión y el diálogo permiten construir puentes de vinculación entre dos actores diferentes y en situaciones distintas, que deben resolver en conjunto algo tan importante como es un juicio.
De esta manera, se pone en evidencia que no es suficiente el conocimiento del derecho en su sentido más duro y estricto si no es acompañado por un abordaje integral del caso. Un abordaje que permita el intercambio permanente con el/la acusadx, donde las herramientas con las que se cuenta, que son específicas y necesarias, se pongan realmente a disposición de quién está en el centro de la escena.

miércoles, 24 de agosto de 2016

Educación popular y género: ¿docentes para qué?


Mañana vamos a estar participando de la charla "Educación popular y género: ¿Docentes para qué?" organizada por Fandango Periodismo y laAgrupación Docente Evelia Murillo La Plata, junto a Claudia Korol y el bachillerato popular Carlos Fuentealba.
A las 15:30hs en la Facultad de Periodismo (63 y Diagonal 113). ¡Te esperamos!

lunes, 22 de agosto de 2016

Atrapamuros hace pasantías en la cárcel


En el marco del 8º Foro Nacional de Educacion para el Cambio Social vamos a hacer pasantías en dos Unidades Penales y un instituto de menores de la ciudad de La Plata, donde podremos problematizar y ver las experiencias educativas universitarias dentro de éstos.

Tenés tiempo hasta el miércoles 24 para anotarte en:

- Mesa de Cambium AgroForestal en la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales (60 y 119)
- Mesa de la Agrupación 26 de Junio en la Facultad de Trabajo Social (9 y 63)
- Mesa de Aule Humanidades en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (122 y 52).

domingo, 21 de agosto de 2016

En las cárceles también: sin derechos no hay niñez


En las cárceles también, sin derechos no hay niñez. 
Esa es nuestra lucha.
Pensé en rendirme, pero luego noté que alguien seguía mis pasos. Yo soy mamá y papá a la vez.
Aunque esté acá mi mente vuela a donde están mis hijxs, que es una forma de estar libre.
Tu rancho son tus hijxs y te aferrás. A tus hijxs te aferrás. 
Lo que sea, lo hacés. Y lo hacés por ellxs, no por vos.
Queremos que nos den una oportunidad a las madres, para poder hacernos cargo de nuestrxs hijxs y familia, y no volver a la cárcel. Y no volver a la cárcel.